martes, 28 de enero de 2014

Cien años de perdón de Claudio Cerdán


 SINOPSIS
Hace ya años que el Inspector Ramos abandonó el sueño de ser un buen policía, ni si quiera sus compañeros se fían de él, toda su vida es un engaño y su familia le desprecia. 

Mientras intenta resolver la muerte de un anciano y esclarecer un asesinato múltiple, Antonio Ramos solo tiene una cosa en la cabeza: hacer lo que sea para quedarse con un dinero que ha visto pasar delante de sus narices. Pero la mafia rusa y asuntos internos le pisan, no ya los talones sino los tobillos, y los cadáveres se van acumulando a su paso en una asfixiante y vertiginosa espiral de violencia que solo puede conducirle a un callejón sin salida… 



 



Creo que algunas veces nos repetimos al decirlo, pero también pienso que las cosas buenas tienen que estar claras.
Y está claro que la literatura en España tiene una cantera fenomenal. No estoy hablando de autores consagrados de esos que venden un montón (ahora un poquito menos), si no que me refiero a esos autores no tan mediáticos, menos conocidos, con pocas publicaciones, pero de una calidad monumental.
El otro día leía que se creía que la mayoría de autores españoles que publicaban en Amazon no eran buenos y alguien le decía que según con quién lo comparara, que no era lo mismo escoger una buena novela entre mil publicaciones o una buena novela entre un millón (en referencia a EEUU); y yo estoy de acuerdo con ello.
En España existen cientos de buenos escritores que no tienen las mismas oportunidades que los escritores de otros países por un simple cuestión de población, y no nos engañemos de cultura del libro.
Pero no me quisiera enrollar más.
Lo que quería decir es que, de nuevo, me topo con un descubrimiento, Claudio Cerdán, con un estilo diferenciado, marcado, único, brutal, y que poco a poco se está abriendo camino en este complicado mundo de las letras obteniendo ya algunos premios de renombre (aunque los premios no sean lo más significativo a la hora de definir un autor).

Ya nos avisa Vicente Garrido en el prólogo que Cien años de perdón: «o te apasionas con la historia y su devenir [...] o la rechazas por dura y cortante.»
Yo creo que me han pasado las dos cosas y lo comparo un poco con la serie Breaking Bad y el amor-odio hacia su personaje central.
La escritura de Claudio es como una navaja bien afilada: cortante. Ya en las primeras páginas nos damos cuenta que nos encontramos ante una novela nada usual por la utilización de las palabras, por las palabras en sí, y por la presentación de su personaje principal: el Inspector Ramos.

«Siempre quise ser un pez grande en un enorme mar. Fui lo bastante listo para ver peces pequeños devorados por otros de mayor tamaño, al cabo de los años he comprendido que siempre habrá un pez más grande en alguna parte, un pez que te dará por el culo y ni siquiera lo verás venir. El pez polla, ese quiero ser yo.»

Y digo que lo comparo con Breaking Bad en el sentido que al inicio le coges simpatía al personajes (que no cariño) por esa forma desgarbada de hacer y decir las cosas; por ese humor ácido que destila en muchos momentos la novela. Pero a medida que van pasando la páginas y sucediendo los hechos, esa simpatía se convierte un tanto en rechazo hacia el personaje y odio, por lo que dice de nuevo, pero sobre todo por lo que hace y lo que no hace. Todavía me retuerzo al pensar en la escena dónde compartiendo unas cervezas con un vecino se trata el tema de la violencia de género (y no digo más para no generar spoiler).

«estudió Filología. Curioso para un policía | La Filología solo me sirve para escribir informes sin faltas de ortografía.»
Si te paras un momento y lo piensas, esa es la grandeza de un escritor, generar, provocar algo en el lector; no dejarlo indiferente; hacerlo participe de. Claudio Cerdán y su Cien años de perdón lo consiguen desde sus primeras páginas.

«Luchar no sirve de nada si no vas a ganar.»

Y dónde está lo negativo, pues siempre tiene que existir un punto negativo, ¿no? Me remito de nuevo a la serie (siento si no la habéis visto, pero la tengo muy reciente). Suceden tantas cosas, algunas de un calado considerable, que llega un punto que me quedé saturado y me dije: Ramos, por Dios, soluciónalo ya, acaba de una vez, no la líes más, no lo compliques más. Fue como si mi interés bajara por la cantidad de daño que se había hecho.

«No hay nada más triste que te quiten la libertad de decidir lo que está bien y lo que está mal.»

Cien años de perdón no es una novela para todos los corazones. Creo que ha quedado claro que es una novela dura, impactante, pero a la vez entretenida, directa, dinámica y como no Versátil, una editorial que si no conocéis deberíais seguir en el tema negro y criminal, al igual que a Claudio Cerdán.

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